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8/7/11

Mi día gitano


Como suele suceder en este blog, desaparecí por un tiempo sin que nadie supiera la razón y vuelvo, así, sin previo aviso y con una excusa o historia que justifiqué mi ausencia. Para seguir con esta tradición, paso a detallar que sucedió en mi sentida ausencia.
Como es de público conocimiento, Juan estaba buscando otro trabajo ya que nuestros jefes no sólo se separaron, sino que también vendieron las vacas, los tractores y por poco a nosotros. Afortunadamente Juan encontró trabajo cerca de Gore, en otro tambo, y ahí empezó la odisea de trámites de nueva visa, de buscar muebles, de ver que nos faltaba y de organizar la mudanza.
Por suerte, los trámites salieron bien (a pesar de algunas desinteligencias por parte de nuestro gobierno argentino), los muebles se los compramos a Smith (todo lo que estaba en la casa... y cuando digo todo es TODO, exceptuando lavarropas y aspiradora), lo que faltaba se solucionó comprándolo, y sólo quedaba la mudanza... y fue un caos.
Nos mudamos el 1 de Junio, día que se conoce como el "Día gitano". y se llama así porque ese día empieza el nuevo año para los tambos, entonces todos los que cambian de lugar se mudan... a la vez. El 1 de junio las calles, rutas y campos se llenan de autos con trailers atestados de cosas, desde camas hasta freezers; de camiones llenos de vacas; de gente con todo a cuestas entrando a una casa a la vez que de esa casa alguien sale con todo a cuestas.
Afortunadamente, la casa donde nos mudamos ya estaba vacía, y la gente que entraba a nuestra (ahora) ex casa no lo hacía hasta unos días más tarde. Pero aún así nos llevó dos autos, un trailer techado, una recarga de celular, dos tanques de nafta, 5 viajes ida y vuelta y casi 12 horas para mudar todo desde Mataura hasta Chatton Corner. Y no fue porque somos valientes, sino porque no existe compañía de mudanzas en Gore, o donde alquilar camión o símil. Así que como el caracol, lentamente y con la casa a cuestas. Y todo para despertar al otro día en una nueva casa, un nuevo trabajo y decenas de cajas, bolsas y muebles esperando su nueva ubicación, sin teléfono, Internet o diclofenac para el dolor muscular.

9/5/11

Cuando estás en esos días...


Hace un año y medio que estoy viviendo acá. No, lo voy a hacer más dramático... Hace casi dos años que estoy viviendo acá. Y en ese tiempo, nunca NUNCA pude comprar las toallitas femeninas correctas.
Cuando estoy frente a la góndola me siento como una preadolescente, que no sabe que llevar, que no quiere preguntar por vergüenza, que no sabe cual es la diferencia entre las marcas, las alas y la cantidad de pavadas que le escriben a los paquetes.
Por más que me guíe por esa tabla que dice lo de las alas y "para que días" son, siempre le erro. Una vez compré unas muy finas, finas como una carilina, que no sé que uso podían tener. Peor la vez que compré unas que eran tan grandes, y tan anchas, que no sé si son más útiles para limpiar la mesada que para "esos días". Y no son pañales... porque una vez agarré un paquete de esos de incontinencia femenina, y por suerte me di cuenta antes de llegar a la caja. Y la vez que compré las que necesitaba, las que eran justo lo que buscaba, no me dí cuenta y tiré el paquete, así que cuando fui a reabastecerme, me volví a confundir y traje otra atrocidad.
No es fácil ser mujer, y menos en esos días, que encima que te sentís para la mierda, abrís un paquete de toallitas y descubrís que no tiene alas, que tiene el alto del Manual Santillana de 7º grado y el ancho de la 9 de Julio.

Y ni me hagan hablar de los tampones! Acá es el paraíso del tampón con aplicador. Sisisisisi suena gracioso, y dejo los comentarios de este post abierto para que tooodooos los malpensados o los que tienen un chiste fácil dejen su decir.

3/5/11

El aprendiz


A mis tareas habituales en el trabajo, se les sumó la de ser un "ejemplo del trabajo de un diseñador", y tener todos los lunes a mi lado a George, un pibe de 16 años,  flacucho, medio colorado y por el momento, tímido.
Una escuela secundaria de Gore se comunicó con el diario para averiguar si uno de sus alumnos podía venir al diario a hacer prácticas... o algo así. La cosa que este pibe quiere estudiar diseño, entonces lo mandaron a mi lado para que vea en que consiste la tarea del diseñador. Cuando me dijeron, mi mayor preocupación era que la gente del colegio y el pibe supieran que el inglés no era mi lengua madre. Aceptaron sin problemas, aunque creo que el tema era que no hay muchas más lugares en Gore para que el pibe viera que hace un diseñador.
Si bien a esta altura de mi estadía hablar en inglés ya no me da tanta vergüenza, cuando tengo que hablar con alguien y sé que esa persona va a estar mucho tiempo conmigo, me da pánico escénico y hablo peor que Apu de Los Simpsons. Así que por más que le dije a George que si no me entendía por como hablaba, o por mi acento, o porque las palabras que uso no tienen sentido, me avise y empiezo otra vez, o buscamos ayuda, me parece que el pibe tiene más vergüenza que yo y no caza un fulbo de lo que le explico.
Así, la compañía de George me ha ayudado a descubrir que todo lo que sé de diseño, lo sé en perfecto español. Espero que mi terminología diseñística en inglés mejore, o que el pibe aprenda español rápido, porque a este ritmo el flaco se va a pudrir y va a estudiar abogacía, donde se hace plata de verdad y los extranjeros rara vez pueden ejercer.

8/10/10

Sana sana


Luego de los percances en materia atención médica que hemos sufrido Juan y yo en las últimas semanas, creo que es más que oportuno dar a conocer lo que considero la tabla de enfermedades y su tratamiento.

De menor a mayor gravedad:
  1.  se cura con Paracetamol
  2.  se cura con Ibuprofeno
  3.  operación/amputación/autopsia (según corresponda, o en ese orden)

27/9/10

Calving Season. Saldo: 1 herido


Les voy a contar que me pasó, pero no crean que porque no puedo hacer un escándalo mediático me invento estas cosas para llamar la atención. Juro que es verdad, que ha sido inesperado y que, como siempre, sólo me podía pasar a mí.
Me esguincé el dedo medio de la mano derecha y es probable que tenga tendinitis. Si... así es: no podía salir de la calving season ilesa. Venía bárbaro, sin abuso de diclofenac, sin gripes, si nada. Y ZAS!, me destrozo la mano. A todo esto se le suma que me pusieron una férula (o como se llame) en dicho dedo, metálica, que tranquilamente puede usarse para un brazo por su tamaño.  Parezco la novia de Robocop.
Hacía 4 días que venía con mucho dolor en esa mano, y de a poco mi dedo medio empezó a hincharse y a inclinarse hacia el lado de los colores fríos. Para los que no son diseñadores les cuento que los colores fríos son azules y violetas (entre otros). El dolor se tornó insoportable. Juan improvisó una férula con pedazos de una tarjeta telefónica y cinta de tela. Si bien eso calmó el dolor, pedí ir al médico para que me dijera si había que amputar o podía trabajar.
El miércoles a la tarde, entre viento y granizo, Juan me llevó al hospital. Allí una enfermera de la guardia me miró el dedo, pronosticó que podía ser esguince o quebradura, sacó la férula casera y me unió los dedos medio e índice con cinta de tela y una gasa en el medio y me dijo que al otro día viera a un doctor y me sacara una placa para descartar o corroborar una quebradura. Y que tomara ibuprofeno. Y que no sabía que podía ser. Así que me fui a casa con un pedorro rejunte de dedos, que estaba destinado a juntar mugre, y Juan diciendo “mi férula era mejor”.
El jueves cerca del mediodía volvimos al hospital. Me atendió otra enfermera, que repitió las mismas preguntas, y me dijo exactamente lo mismo que la enfermera del día anterior. Luego apareció el doctor, que por suerte era ruso. Si dije “por suerte era ruso”, de Rusia. Y lo digo porque por su acento y forma de hablar se le entiende mejor que a un kiwi. En fin... tocó el dedo, preguntó las mismas cosas (a las cuales yo ya sabía que responder) y descartó la quebradura, dando el diagnóstico que he dicho antes. Tratamiento: férulaXL, ibuprofeno 3 veces por día, y trabajo de oficina por 5 días (elegante forma de decirle a los dueños de la farm que no podía hacer trabajo de farm), nada de levantar peso o usar la mano derecha.
La frutilla del postre: esos 5 días coinciden con el fin de semana que tengo que cubrir a Esteban, por lo que entre el mal tiempo y mi ausencia a mi pobre Juan le espera un fin de semana eterno.


Está buena la férula, porque te la podés sacar y usar de banquito o de mesa.

12/8/10

Esos locos bajitos


Como Kareen llevaba a los niños a la mañana con ella a alimentar los terneros (tarea que en breve desempeñaré nuevamente) y está haciendo un frío tremendo, me preguntó si yo podía cuidar de ellos en ese rato. Viendo y considerando que necesito dinero si quiero llegar a Argentina, acepté gustosa.
Mi última experiencia entreteniendo niños fue en el Jardín de Infantes, donde yo misma era una niña. Mi conocimiento de lo que hacen o no hacen a cada edad es nulo. Mi habilidad para manejar dos niños pequeños a la vez es precaria. Julia tiene algo de 4 años, y le encanta hablar, preguntar, contar, preguntar sobre lo que contó... en inglés. Su hermano Spencer tiene un año y medio, y está en esa edad donde es feliz caminando de un lado al otro, porque recién está empezando a caminar.
Como sabía que a Julia le gustaba pintar y dibujar, me senté con ella a hacer unos dibujos. Mayor fue mi sorpresa al ver que no tiene ningún sentido de las formas, los colores o la diagramación. Lo único que hizo fueron líneas, rayas y garabatos de colores, uno por hoja, sin sentido alguno tampoco de la ecología y el cuidado del papel. Mi plan macabro de entretenerla durante eso con horas se esfumó al instante.
Mientras tanto, Spencer lloraba en la puerta de casa, mirando hacia afuera, con la fuerza y tristeza que sólo un niño que se siente abandonado por su madre en manos de una inmigrante puede llorar. A los 5 minutos, al ver que Julia y yo jugábamos con una pelota, se acercó y se calmó, aunque de vez en cuando largaba un llantito, para expresar su desacuerdo con la situación.
Julia exigía mi constante atención, ya que para ella “había venido a casa a jugar conmigo”. Spencer iba de acá para allá pateando la pelota, pasando a centímetros de los bordes de la mesa, de cables, intentando subirse a los sillones. Si miraba a uno, perdía de vista al otro. Julia insistía en salir a jugar al parque, bajo la lluvia y el viento huracanado. Spencer entendió el gesto de que Julia iba a abrir la puerta y se excitó pensando en su libertad. Cuando logré entretener a Julia con su muñeca, el pibe descubrió una puerta corrediza y la abría y cerraba poniendo en riesgo sus deditos. Encima el pendejo se cagó, y cuando me vio agarrar los pañales se largó a llorar y a correr, por lo que decidí que no podía lidiar con una cambiada de pañales. La nena decidió armar nosequé con sus bloques (no le entendí que quería construir), mientras el chiquito se divertía enredándose en una cortina junto al televisor. Ya se estaban terminando los bloques, cuando pasó lo mejor: Kareen llegó de trabajar a buscar a sus retoños. Los dos corrieron a abrazar a su mamá, y yo también la quise abrazar, porque había sufrido mucho y tenía miedo de que Spencer tuviera razón y nos hubiera abandonado allí para siempre.
Fue la hora y veinte minutos más largos de mi vida.
No sé como aguantaré el resto del mes.

9/8/10

Fast and Furious


Creo que he manejado más kilómetros desde que estoy acá que lo que manejé en toda mi vida. Y no porque viva lejos de la “civilización”, sino porque no manejaba mucho en Argentina. Es más, me remitía a ser mera pasajera de los autos. Debido a mi poca experiencia, mi temor a andar por la calle es enorme. Y como siempre, todas las cosas raras me pasan a mí. Pero antes de entrar en detalle en mis aventuras al volante, creo que deben entender el trasfondo de mi poca experiencia y, por ende, mis temores.
A los 18 años (creo) mi mamá me pagó unas clases de manejo, ya que habíamos comprobado a fuerza de ensayo y error que ningún familiar podía enseñarme a manejar sin gritar, enojarse, putear o desheredarme. Di el examen teórico y práctico y así obtuve mi carnet de conducir, de la manera legal correspondiente.
Con mi registro manejé, sin exagerar, 5 o 6 veces más (en los 5 años de vigencia que tiene el mismo), todas amontonadas en 3 meses. Resultó ser que sin importar que yo hubiera aprendido a manejar, y que la Dirección de Tránsito lo avalara, temían que chocara y saliera una fortuna el arreglo. De esas veces que manejé choqué el auto contra una columna, haciendo marcha atrás, en la cochera vacía donde mamá guardaba el auto.
Diez años después, necesité no sólo un registro al día, sino un registro internacional para venir para acá. En esos diez años mi registro anterior había dormido en un cajón perdido de la casa de mamá, vencido, ya que al vivir en La Plata no manejaba, y en el poco tiempo que estaba en Mar del Plata me dedicaba a ser transportada. Nuevamente, mi familia (y ahora también Juan) trataron de refrescar mis conocimientos de manejo de vehículos. Como bien se dice, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, así que al segundo grito, llanto y puteada desistimos todos, y me senté con la guía de teléfonos a buscar una academia de conductores... 10 días antes de subir al avión a NZ.
Como era invierno, y el brote de gripe porcina había generado una paranoia más grave que el mismísimo brote, todas las escuelas estaban cerradas, por lo que todos los boludos peatones como yo estaban aprendiendo a manejar. La única academia que me tomó me dio las 3 clases que necesité a las 7am, no sin antes mirarme con asombro al decirles que necesitaba en 5 días un registro de conducir para sacar uno internacional para ir a manejar al culo del mundo, con el volante del otro lado del auto. Llovió todos los días desde mi primera clase, pero por suerte el día de mi examen práctico el sol salió y pude demostrar que manejaba lo suficiente como para aprobar el examen. (Comento lo de la lluvia porque la Dirección de Tránsito NO toma examen si llueve, llovizna o lo que sea).
Así que a 5 días de subir al avión que me trajo hasta aquí, me fui caminando a retirar mi registro local y lo llevé caminando al Automóvil Club para que me dieran el internacional. Y dos días antes de mi partida, Juan me llevó en el auto de mamá a buscarlo. Heridos: 0 Kilómetros recorridos usando mi registro nuevo: 0

4/8/10

Ese rincón del alma DIET


Lo más difícil de hacer dieta en NZ es que no se ven productos “light”, “bajos en calorías” o “Ser”.  Nada tiene su versión dietística (es decir, uno allá tiene dulce de leche y dulce de leche light; manteca y manteca light; pollo y pollo light; etc). Ahí te das cuenta que hiciste dieta en base al packaging.

Y que todos llevamos la culpa de un despilfarro de dinero en productos light en un rincón del alma.

29/6/10

Fiesta... que fantástica, fantástica esta fiesta!


El Patrón Smith cumple 40 años en julio. Lo festeja con una gran fiesta, con litros y litros de alcohol (calcula 15 litros de tequila), en su casa, con banda de rock en vivo y demás. Empieza a las 15hs... y termina cuando el último ebrio se desmaye.

El patrón Smith nos invitó a su cumpleaños!

La fiesta es temática: hay que ir disfrazados de “Nursery rhymes” (ni idea que es... algo así como historias y cuentos para bebes típicos de NZ e Inglaterra).

Si no vas disfrazado, te visten como Borat en la playa.

Se aceptan ideas (que excluyan la depilación para quedar bien en esa malla).

22/6/10

Cosas mundiales


“El capitán pulga le pasa a motoneta... que partido!... este mundial está lleno de sorpresas... nos encontramos a Eros Ramazzotti en el hotel y revivimos el mundial 2002 donde lo entrevistamos por una hora... el capitán pulga, el mejor jugador del mundo.”

“El capitán pulga dispara, pero el palo pirata evita que su tiro sea certero... el capitán pulga...”

Cosas que escuchas cuando la única forma de ver un partido es por un blog que retransmite la señal de Univisión. Era como que Carlos Daniel, de "La usurpadora", relatara el partido.

17/6/10

Hace frío, y estoy lejos de casa


Todos extrañan cosas materiales de Argentina.
Hay gente que extraña el dulce de leche, o el dulce de batata, o las facturas de manteca.
Otros extrañan el fernet, los asados, la carne tierna.
Algunos pocos extrañan la tele por cable, las series/películas subtituladas.
Yo extraño el gas natural. Extraño llegar a mi casa en un día frío, ventoso, lluvioso, abrir la llave de gas y prender el calefactor. Extraño el ruidito del chispero.
Acá, lo peor del frío no es sólo tener frío... sino que tener que prender la estufa a carbón y leña.
El sistema de calefacción funciona así: en el garage (que está debajo de la casa) hay como una salamandra que se enciende a carbón y leña. Esa salamandra calienta agua que está en los radiadores. Los radiadores están en la casa, y la calientan. No hay radiador en la habitación, así que la habitación es helada, y cuesta meterse a la cama porque está fría.
Si bien estoy cada vez más hábil en el tema del encendido de la caldera, me lleva tanto tiempo y esfuerzo que para cuando logro que “arranque” ya entré en calor. Y encima tengo que ir a cada rato a ver que no se apague, que no le falte leña o carbón, que le entré aire, que no le entre aire... todo un ejercicio aeróbico.
Extraño las épocas del sencillo calefactor a gas, con su encendido automático, su piloto, su tiro balanceado y sus astronómicas cuentas bimestrales de Camuzzi. Ay!!! Que épocas sencillas... sólo necesitaba dinero.

14/6/10

Una dosis de allá


Nos fuimos de vacaciones a Samoa. De más estar decir que es hermoso, que disfrutamos de una semana de calor, humedad, playa, relax y demás cosas propias de vacaciones en una isla tropical. Pero a las delicias de estas vacaciones, se le sumo un plus inesperado: una dosis de país en desarrollo.
La agente de viajes nos había “advertido” de que Samoa era un país “en desarrollo”, del tercer mundo, lo cual nos pareció gracioso. “Nosotros venimos de un país del tercer mundo”, pensamos, inflando el pecho. No mentíamos..., pero nos dimos cuenta allá que nos hemos acostumbrado a la vida acá, en el “otro mundo”.
Ni bien terminamos los trámites de aduana y demás, salimos al área pública del aeropuerto de Samoa. Allí se nos acercaron miles de samoanos ofreciéndonos transporte, excursiones, taxis, muy cerca de nosotros, invadiendo nuestro espacio, como en Ezeiza, como en la mismísima terminal de micros de Mar del Plata.
Por la calle los vendedores ambulantes se nos acercaban, transpirados, a ofrecernos sus pareos, sus productos con inscripciones truchas de Puma, Adidas y Nike, rebajando el precio, exponiendo todo sobre lonas en el piso, mientras se abanicaban con sus abanicos de hoja de palmera.
Los taxis se detenían al vernos caminando para ofrecernos su servicio, relatando promociones a playas lejanas, Todos manejaban a altas velocidades, no respetaban semáforos, peatones, ni esquinas. Las calles eran sucias, sin cestos de residuos, sin orden en los carteles, con filas desparejas. Los empleados de McDonald`s no sonreían, no respetaban el orden de las preguntas.
Samoa era como nuestro país, pero con calor... mucho calor.
Sentirnos incómodos, inseguros, dudosos, en ese contexto nos hizo darnos cuenta de que nos hemos acostumbrado a la vida ordenada, limpia, fría, sin naturalidad ni interés en el otro de NZ. Supimos como desenvolvernos en Samoa, sólo nos impactó esa cultura pegajosa, pero hoy en día me pregunto: ¿Nos hemos convertido en unos kiwis fríos? ¿Hemos olvidado nuestras raíces tercermundistas? ¿Sobreviviremos en nuestro país cuando volvamos?

22/5/10

Vamo' vamo'.... ñuzilan... vamo' vamo'... a ¿ganar?

En un programa matutino de la televisión kiwi, un jugador de los All Whites (nombre de la selección Kiwi de fútbol) invitaba al público a comprar unas bufandas para “apoyar” al seleccionado.
Cuando el entrevistador le preguntó que pensaba sobre el primer partido a jugar en el Mundial, si podían los All Whites vencer a Eslovaquia, el jugador, muy seguro de sí mismo, respondió: “Si tenemos un buen día, les ganaremos. Si no, no”.
Un equipo que llega al Mundial a pulmón, sin el apoyo ni de sus amigos, que tienen trabajos “civiles” y piden permiso para ir a jugar al Mundial, e invitan a comprar bufandas para ayudar al seleccionado, se merece mi apoyo. Sin grandes contratos millonarios, y considerados jugadores de un deporte “no de hombres” como el rugby, esta gente me ha llegado al corazón.

En este mundial alentaré por la selección de MI país y por el seleccionado kiwi (si pasan los partidos por TV abierta), con igual pasión... total, JAMÁS se cruzarán en la final.
Los invito a alentar al seleccionado kiwi.



19/5/10

Tic tac - Tic tac


Desde hace dos días sufro una de las peores de las esperas desde que estoy en este país.
Creo que no estuve así de angustiada ni cuando esperaba que me devolvieran el pasaporte luego de modificar la visa para estudiar.
Ni siquiera cuando me sentía enferma y Smith me llevó al médico.
Esta espera es eterna... y no creo poder soportar más no saber que está pasando. Y a Juan también lo preocupa... queremos saber que pasa, como se soluciona, y cuánto dinero costará.

Desde hace dos días, nuestro auto está en el taller. El mecánico dijo que llamaba para decir que tiene, cuanto cuesta arreglarlo y cuanto tiempo demorará.

Aún no llamó.



6/5/10

Deja vu

En estos primeros días de Esteban en NZ, reviví muchas cosas que creo que el inconciente (sabiamente) había guardado en un rincón polvoriento de mi mente.
El otro día Smith me pidió que acompañara a ambos a hacer los trámites del número de IRD y la apertura de una cuenta bancaria. Sentada en el box del banco, mientras la atenta empleada le explicaba las características de su cuenta y como usar la tarjeta, y yo le traducía al español (porque este chico tenía un julepe que no entendía nada), caí en la cuenta de muchas cosas.
Para empezar, todo eso que yo le explicaba naturalmente en su momento me había llevado horas entender. Que todas las palabras que la señora decía yo las entendía, pero hace unos meses atrás eran sólo sonidos. Que ya entiendo cuando me hablan.
Lo mismo sucedió en su cena de bienvenida. Todos recordarán esa cena donde se nos presentó a la familia, se nos conversó y se nos cagó de sed. Bueno, esta vez se repitió, pero Juan y yo hacíamos chistes, hablábamos de deportes, de costumbres y de demás gansadas. Mientras tanto, desde un lugar de la mesa, Esteban miraba, sonreía sin entender nada y se preguntaba cuando le iban a ofrecer algo para beber.
De repente, miré a Esteban, y me recordé sentada en ese lugar, sonriendo a palabras sueltas sin sentido, sintiéndome observada y rogando que pronto nos fuéramos a casa (que en ese momento no sentíamos “casa¬”, era solo el lugar donde estaba la cama para dormir), pensando que jamás podríamos encajar en este lugar.
En estos días recordé esos primeros días, y miro y escucho a Juan hablar inglés, y me miro desenvolverme en las más diversas situaciones, y le digo con toda la sinceridad del mundo a Esteban “Al principio no entendés nada, y todo es raro y te da miedo, pero después te acostumbrás, y hablás inglés”.
Claro que no le digo que cuesta bastante… pero creo que vale la pena que viva “la experiencia New Zealand”

24/4/10

Salsa para vivir... salsa para ser feliz


Cuando llegamos a NZ uno de los grandes choques culturales fue la comida. Si bien empezamos con el pie izquierdo, por cuestiones de que necesitamos comer para vivir, no desistimos en la compra de víveres.
Al principio, uno de los problemas que tuvimos fue la salsa de tomate. Sin importar que marca compráramos, ni cuanto hirviera o como la condimentáramos, la salsa era demasiado dulce. Era como comer Ketchup caliente.
Con el tiempo descubrimos donde residía el problema. Si uno observa cuidadosamente, en cualquier supermercado se encuentra salsa de tomate enlatada en dos góndolas diferentes: una donde hay a su alrededor mostazas, mayonesas y demás aderezos similares, y otra donde hay tomates en cubos, enteros y demás.
El tema era simple: nosotros comprábamos “Tomato Sauce” que sería salsa de tomate o Ketchup, y lo que queríamos era “Pasta Sauce” que es salsa para pasta. La diferencia al ojo del argentino traductor es mínima, pero en el plato es abismal.
Así que un buen día, comenzamos a comprar la “sauce” correcta, y los días de fideos con Ketchup caliente quedaron atrás.

19/4/10

La pesadilla


El tema del idioma y la barrera idiomática se hace sentir con toda su fuerza cuando llegamos a la caja del supermercado. Ya había comentado que las desquiciamos pagando en efectivo, pero ese ha sido el menor de los males. Ahora que contamos con tarjeta de débito, y contamos con escaso efectivo, ya actuamos como kiwis en la caja del super… o casi. Cada vez que vamos a pagar, nos preguntan, piden u ofrecen algo que nos ha llevado varios meses comprender.
En Argentina, cuando uno termina de pasar las cosas por la caja, y ya se sabe el total a pagar, por lo general la cajera pregunta si se abonará en efectivo o con tarjeta. A lo sumo, consultarán por alguna tarjeta de beneficios. Pero acá no… acá es un cuestionario complejo, que dejan al Código Da Vinci sencillo e insignificante cual adivinanza del chicle Bazooka. Paso a detallar:
Mientras pasas las cosas, en uno de los supermercados te piden “one card (una tarjeta)”. Todos, absolutamente todos, le decíamos “yes” o le dábamos la tarjeta del banco, pensando que nos estaba diciendo si queríamos abonar con tarjeta. ERROR! Cara de orto Nº1 de la cajera: “one card” es una tarjeta de compras que suma puntos y te da descuentos. No le tenés que decir que si… y no darle la OneCad, o pasar la tarjeta del banco, porque todavía hay cosas por sumar. La respuesta correcta es pasa la OneCard, y quedarse calladito.
Ok. La cajera sigue pasando las cosas. En un momento, dice algo de “paper (papel)”, y muestra una pila de diarios. Ahí la mirábamos con los ojos abiertos, como tratando de que sus ondas cerebrales nos llegaran (en español) y pudiéramos entender que estaba sucediendo. ERROR! Cara de orto Nº2 de la cajera: el “paper” es para envolver productos congelados, para que mantengan su temperatura el mayor tiempo posible. Eso, ESO, nos llevó meses descifrar.
La cajera termina de pasar todas las cosas, y nos da el costo final. Nos pregunta “Cash? (efectivo)”, a lo que nosotros por lo general respondemos diciendo “Card (tarjeta)” o simplemente le damos la tarjeta. ERROR! Cara de orto 3 de la cajera: Lo que ella quiere saber es si queremos pedir dinero en efectivo, cuyo monto se sumará al de la compra. Tras varias “Cash?” ”card” ”Cash?” ”Card” ”CASH?” “Card” “CASH?!?!? */#” “Card” se daban por vencidas.

7/2/10

Moviendo las cabezas


A más de 5 meses de estar aquí, mi pelo era un desastre. No sólo porque estaba largo y el corte había perdido su forma, sino porque en una tarde aburrida de diciembre decidimos con Juan que podríamos cortarlo nosotros… y además de no lograrlo, lo deformamos más.
En fin, tenía que ir a la peluquería. Por lo que un día franco de Juan, pedí un turno con una aprendiz (porque era más barato, obvio) en una peluquería local.
Mientras esperábamos (porque quería que Juan estuviera ahí para supervisar que nada raro fuera hecho en mi pelo) ojeé rápidamente una revista en busca de un corte de pelo que fuera de mi agrado. Supuse que si le mostraba la foto y le señalaba mi cabeza iban a entender que quería ese corte. Ninguno me convenció mucho, y tampoco me dieron tiempo a mirar muchas más cosas.
La chica que me atendió era divina, simpática, fácil de entenderle cuando hablaba. Le expliqué que quería cortarlo bastante porque me había crecido mucho en 5 meses (omití la parte de que ese agujero de pelo era culpa mía, porque me daba vergüenza). La chica me dijo si quería que quedara largo hasta la nuca, y un poco más largo adelante, en punta. Genial! Ese era mi corte!! Así había llegado yo a NZ!! le dije muy contenta que sí, y empezamos con los trámites peluqueriles.
Primero, me lavó el cabello. Usó dos veces shampoo, y luego acondicionador. Bien… aquí las cosas se hacen a la manera normal. Me secó el pelo con una toalla (bah, eso que hacen en la peluquería, que en realidad es sacar el exceso de agua), y fuimos a la silla frente al espejo. Delicadamente me secó el pelo con secador, tomándose su tiempo y con mucha paciencia, alisando mi lacio pelo. Si bien me llamó la atención que secara el pelo antes de cortarlo (ya que generalmente se hace al final), estuve los 15 minutos que parece haberle llevado ese trabajo tranquila, mirándola por el espejo.
Se fue, y cuando volvió, me alarmé. Trajo una planchita de pelo, la enchufó y amagó a plancharme el pelo. Ahí no aguanté más y le tuve que decir algo. Alejé mi cabeza de sus manos y planchita, la miré y le dije:
Yo: ¿Vas a cortarme el pelo?
Peluquera/aprendiz: Sí. Primero lo seco y aliso.
Yo: ah, bien. Pensé que me habías entendido cualquier cosa. Porque no habló bien inglés.
P/A (con cara sonriente, seguro pensando en la mala suerte de cortarle el pelo a una mina que no habla inglés):  No, te entendí. Termino con esto y lo corto.
Así que estuve otros 20 minutos mirando como continuaba alisando mi lacio pelo. Y luego estuve otros 20 minutos mirando como cortaba mi pelo con una pequeña tijera, con la paciencia y concentración que solo un podador de bonsai puede tener. Y luego estuve mirando otros 15 minutos como volvía a cortar mi pelo, ya no tan pacientemente, porque yo lo quería un poco más corto de lo que había quedado.
Resultado: salí conforme, aunque me sentía extraña con el pelo planchado. Pero más feliz salí porque no me cobró el lavado, el secado y el planchado, porque si lo hubiera hecho (como se estila en Argentina) me hubiera fundido.

13/1/10

Un servicio a mi medida


Si hay algo que debo remarcar de este país es que posee un servicio de baños públicos de altísimo nivel. En todos, todos, todos lados hay baños públicos. Ya sea una pequeña ciudad, un parador, un lugar interesante en medio de la naturaleza, siempre habrá un inodoro al alcance de cualquier vejiga.
La limpieza en general es muy buena, casi siempre hay papel higiénico, jabón líquido para lavarse las manos y toallitas de papel para secarlas, o en su defecto, un secador de esos que hacen ruido y tiran aire. Tiene cerradura que funciona, para asegurarse que nadie entrará, y un infaltable cesto de residuos.
Hasta el momento, el más extraño que he visto es uno en Kaka Point (JURO que es mera casualidad… que no lo inventé para que esto sea cómico), el cual poseía inodoro, pero todo “caía” a las piedras de abajo… un pozo con asiento, el principio del baño como hoy lo conocemos.
El argentino, habituado a tomar mate en abundancia, también debe estar agradecido de este maravilloso servicio. Y las mujeres, que no hemos sido anatómicamente diseñadas para orinar con la misma facilidad que los hombres, deberíamos pedir que se destinen más fondos a ellos.
Los que me conocen recordarán mi típica frase “tengo que ir al baño” dicha en cualquier contexto, al rato de haber salido del último baño accesible. Por suerte, eso dejó de ser problema aquí, ya que sé que cuando llegue a destino, o quizás a mitad de camino, Nueva Zelanda tendrá un baño esperándome.

9/1/10

...mañana triste


El 1 de Enero fue horrible. El problema no fue acostarnos a la 1:30 y levantarnos 4:30 para ir a ordeñar. O tener aliento a rumano muerto por el vodka, el chocolate y demás cosas que comimos en la fiesta. Ni siquiera nos molestaba el cansancio. El problema era más serio: no había electricidad.
Suena de quisquillosa, pero paso a detallarles que es lo que un corte de energía eléctrica implica acá. Primero, uno no puede usar el baño, porque no hay ni una gota de agua. Como no hay agua, uno no puede lavarse los dientes, la cara, tomar agua, hacerse café, etc. A su vez, uno no puede calentar y/o cocinar nada, ya que aquí las cocinas son eléctricas, no a gas. Comimos unas galles con un poco de leche, aunque no quisimos abusar de las bebidas frías, ya que en ayunas suelen hacer “tráfico rápido”… y les recuerdo que no había agua.
Pero, el problema mayor no era el mal aliento o estar en ayunas, el problema era que no podíamos trabajar. El tambo usa electricidad para funcionar, para que la leche salga mecánicamente de la vaca y llegue al tanque recolector de leche. En vano llamamos a la central eléctrica, pues a las 5am del 01 de enero NADIE estaba allí para decirnos cuando se solucionaría el corte.
Estuvimos casi una hora sentados en la camioneta, recorrimos la zona para ver  cuantos tambos estaban en igualdad de condiciones, y casi nos turnamos para dormir, quedando uno de guardia para avisar si volvía la electricidad.
Alrededor de las 6am, se hizo la luz. Yo estaba triste, porque esa hora de demora implicaba una hora menos de siestita entre el regreso a casa y el almuerzo.
A la tarde, la escena se repitió, pero en peor magnitud: con las vacas ordeñándose, todas dentro del tambo, la luz se cortó nuevamente. Esta vez, la empresa estaba al tanto, y ya un contestador avisaba que a las 5pm se reestablecería el servicio. Sacamos todas las vacas, ordenamos, y nos volvimos a casa a esperar que en 1hora todo se reestableciera.
Obviamente, la mala suerte seguía de nuestro lado. Ni bien llegamos, en casa había luz, todo funcionaba a la perfección, y como supusimos, en el tambo todo estaba como siempre. Así que volvimos a trabajar… a empezar de cero.
Ojalá este día no sea un anticipo del año, sólo un día de esos en los que todo se complota para que uno no pueda descansar como se lo merece.