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30/4/11

El fin de una era


Ah! creo que no les conté, pero dejé por completo mis actividades tambísticas para dedicarme de lleno a ser empleada part time del diario y las tareas de ama de casa. En un rapto de total hartazgo, cansancio, y con un poco de premeditación, decidí que las vacas, vaquitas, ordeño, y demás pormenores de la actividad ya no eran para mí, y presente mi renuncia formal a ambos jefes (porque ahora viven separados... ya les conté!).
En fin, sin bien no puedo asegurar que nunca never jamás again estaré en contacto con estas criaturitas de Dios, y recibiré un pago por ello, les puedo decir que por el momento las historias de terneros, mangueras, cuatriciclos y demás serán a modo anecdótico, basado en hechos reales, y sólo eso.
Ha sido un grato y oloroso (así, sin d) momento de mi vida. Quiero agradecer a todas las vacas y terneritos, sin cuya ayuda este blog no hubiera surgido ni s hubiera nutrido de tantas historias. A los Smith, por demostrar que mientras les ordeñen las vacas, cualquiera entra a su tambo. A Juan, por haberme enseñado tanto; gritado un poco; soportado mis lágrimas de dolor, cansancio y bronca; trabajado de más para que yo sufra un poco menos y demás cosas que solo alguien que te ama puede tolerar en ese ambiente de trabajo.



Che,,, pero este blog sigue! Por que yo sigo en Kiwilandia, y mis aventuras y desventuras parecen eternas.

24/2/11

Volveré y seré...


Bueno... acá estoy... volví. No seguí publicando porque viste como son estas cosas... dejás pasar el tiempo, pensás que ya pasó demasiado tiempo, te da vergüenza, no arrancás... y así se te pasan los días, meses, etc. A eso sumale días de trabajo laaaargos, horas de más en el diario, horas de más en la farm, salidas y demás. Y de repente tenés miles de cosas para contar, y les das forma en tu cabeza... y bueno, decidís arrancar.
Así que acá estoy. Los pongo al tanto de toooodo lo que pasó en mi ausencia:
- fuimos de vacaciones a Argentina. Estuvimos un poco más de un mes, pasamos casamientos, bautismos y las fiestas allá. Fue HERMOSO ver a tantos seres queridos, compartir tanta cotidianidad, abrazar a tanta gente. No faltaron las lágrimas de la despedida, pero fue hermoso igual... valió la pena y los dos días de viaje.
- Smith vendió las vacas. Sí sí... se deshizo de las vaquillas. Como todos podrán suponer, al faltar las vacas en el tambo, no hay que ordeñar, por lo que no hay trabajo. Así que andamos buscando nuevo trabajo, nuevo lugar... Se escuchan ofertas.
- Los Smith no sólo vendieron las vacas... sino que se separaron. A grandes rasgos, parece que Kareen sale con un inglesito que trabaja acá en la farm (la nueva adquisición que se sumó al staff), y mandó a Smith a freír churros. Eso fue en octubre, si mal no recuerdo. En fin, cuando volvimos Smith ya tenía novia nueva, compartían casa y trabajaban juntos. En fin, este estado de nuevos noviazgo los han convertido en adolescentes con las hormonas alteradas... haciendo gansadas, dándose celos, haciéndose los pendejos.
- El Inglesito sigue trabajando en la farm, vive con Kareen en su casa, y da órdenes como si fuera el propio hijo de la Reina (bah... sale con la patrona... así que en la farm es casi como el hijo de la Reina). Smith nos dice que es un bobo el Inglesito, pero todavía no entendemos como no lo atropelló con el tractor, lo descuartizó y se lo dio de comer a las vacas.


Buenos, creo que eso es lo más relevante hasta el momento. Sólo creía que lo tenían que saber así puedo contar las cosas y usted entenderlas mejor.

7/9/10

Hoy allá es mi cumpleaños


Hoy allá es mi cumpleaños. Lo cual quiere decir que ayer fui mi cumpleaños acá. Confuso, como siempre. Hace tres días que recibo saludos confundidos ya sea por cuestiones de husos horarios o por gente que se despista nomás.
Pasé un cumpleaños hermoso. A diferencia del año pasado, en esta ocasión tengo amigos cerca. El año pasado éramos Juan, Vecino argentino y yo, comiendo brownies y admirando el kilo de yerba mate que recibí de regalo. Suena deprimente, y en cierta forma lo fue... pero en esa ocasión, como en este año, recibí el cariño de toda mi familia, amigos, colegas y demás que estaban en Argentina.
Pero nadie lee este blog para deprimirse, así que detallaré los festejos de este año.
El sábado 4 aproveché que estábamos de franco e hice una cena en casa con amigos argentinos y los patrones. Sinceramente, no pensé que Kareen y Smith fueran a venir, pero se presentaron, a pesar del cansancio y el largo día. Fue bien argentino el tema: picadita previa, empanadas, vino, cerveza y fernet. Mucho idioma español, mucha cara de patrón desconcertado, muchas risas. Por fin pudimos explicarles a los jefes que se siente estar en un lugar donde no se entiende lo que otros hablan.
Notas de color del sábado:
- Les hicimos probar el fernet a los patrones. A Smith le encantó, se tomó dos vasos cargaditos, se asombró por la graduación alcohólica y pidió información al respecto. El domingo nos andaba pidiendo que le repitiéramos el nombre de la bebida, porque parece que durmió como un bebé después de esos dos vasos. Ya sabemos que le traeremos de regalo desde Argentina.
Kareen tomó un vaso y le gustó. El lunes a la mañana, cuando vino a buscar a sus hijos, me dijo que esa bebida nuestra era maligna. Se desveló, tuvo palpitaciones, no se durmió hasta las 3am. Dijo que Smith durmió como un bebé, así que cree que el problema es que ella sólo tomo un vaso. Habrá que traerle otra cosa de allá.
- Algún desubicado le preguntó a los Smith que pensaba de los argentinos. Digo desubicado porque cuando la relación es 10 argentinos – 2 kiwis no podés responder cosas malas porque te cagan a trompadas. El jefe la piloteó y dijo que éramos buenos trabajadores y mejores que los kiwis. Todos coincidimos en que omitió la parte de que éramos baratos.
- Smith haciéndole caras al bebé de una amiga, al estilo “¿Dónde está el bebé? ¡Acá ‘tá!”

El martes fue más tranquilo, porque todos trabajaban, incluido Juan. Aún así festejé mi cumple con Julia y Spencer, a quienes intenté llenar de torta para sacármela de encima. Luego de los saludos por Facebook, MSN, teléfono y en persona, mi amiga Romina (la mamá del bebé) me llamó para saludarme, y como Kareen me había dado la tarde libre, la invité a casa. Así que tomamos mate, comimos (más) torta, y comentamos lo vivido el sábado, nuestras desventuras al volante y demás nimiedades de la cotidianidad.
Aún no sé si iremos a cenar afuera, si nos quedaremos en casa, o que. Pero estoy feliz. Y me alegra saber que hay gente que me quiere, me saluda y se hace un tiempo para estar presente en mi cumple, ya sea por internet, con un llamado o una visita.
¿Estaré sensible o me estoy poniendo vieja?


Gente que tenía cosas MUY importantes (pero importantísimas, eh!) que hacer se tomó su tiempo y me diseñó esta tarjetita.¡¡Los amo EstudioMate!!

12/8/10

Esos locos bajitos


Como Kareen llevaba a los niños a la mañana con ella a alimentar los terneros (tarea que en breve desempeñaré nuevamente) y está haciendo un frío tremendo, me preguntó si yo podía cuidar de ellos en ese rato. Viendo y considerando que necesito dinero si quiero llegar a Argentina, acepté gustosa.
Mi última experiencia entreteniendo niños fue en el Jardín de Infantes, donde yo misma era una niña. Mi conocimiento de lo que hacen o no hacen a cada edad es nulo. Mi habilidad para manejar dos niños pequeños a la vez es precaria. Julia tiene algo de 4 años, y le encanta hablar, preguntar, contar, preguntar sobre lo que contó... en inglés. Su hermano Spencer tiene un año y medio, y está en esa edad donde es feliz caminando de un lado al otro, porque recién está empezando a caminar.
Como sabía que a Julia le gustaba pintar y dibujar, me senté con ella a hacer unos dibujos. Mayor fue mi sorpresa al ver que no tiene ningún sentido de las formas, los colores o la diagramación. Lo único que hizo fueron líneas, rayas y garabatos de colores, uno por hoja, sin sentido alguno tampoco de la ecología y el cuidado del papel. Mi plan macabro de entretenerla durante eso con horas se esfumó al instante.
Mientras tanto, Spencer lloraba en la puerta de casa, mirando hacia afuera, con la fuerza y tristeza que sólo un niño que se siente abandonado por su madre en manos de una inmigrante puede llorar. A los 5 minutos, al ver que Julia y yo jugábamos con una pelota, se acercó y se calmó, aunque de vez en cuando largaba un llantito, para expresar su desacuerdo con la situación.
Julia exigía mi constante atención, ya que para ella “había venido a casa a jugar conmigo”. Spencer iba de acá para allá pateando la pelota, pasando a centímetros de los bordes de la mesa, de cables, intentando subirse a los sillones. Si miraba a uno, perdía de vista al otro. Julia insistía en salir a jugar al parque, bajo la lluvia y el viento huracanado. Spencer entendió el gesto de que Julia iba a abrir la puerta y se excitó pensando en su libertad. Cuando logré entretener a Julia con su muñeca, el pibe descubrió una puerta corrediza y la abría y cerraba poniendo en riesgo sus deditos. Encima el pendejo se cagó, y cuando me vio agarrar los pañales se largó a llorar y a correr, por lo que decidí que no podía lidiar con una cambiada de pañales. La nena decidió armar nosequé con sus bloques (no le entendí que quería construir), mientras el chiquito se divertía enredándose en una cortina junto al televisor. Ya se estaban terminando los bloques, cuando pasó lo mejor: Kareen llegó de trabajar a buscar a sus retoños. Los dos corrieron a abrazar a su mamá, y yo también la quise abrazar, porque había sufrido mucho y tenía miedo de que Spencer tuviera razón y nos hubiera abandonado allí para siempre.
Fue la hora y veinte minutos más largos de mi vida.
No sé como aguantaré el resto del mes.

14/7/10

La respuesta al dilema


El Sr. Smith y la Sra. Smith me han agregado en el Facebook.
Mi dilema se solucionó.
Ahora solo resta: guardar la compostura; evitar comentarios sarcásticos que se traduzcan fácilmente al inglés; dejar de subir fotos comprometedoras (laboralmente hablando); reirme de las costumbres kiwis, de los jefes, de sus cosas y de sus vacas; y ante todo, lograr que el resto de mis amigos lo haga!

12/7/10

Lo que quedó de la fiesta


Pasó la fiesta, pasó la resaca...

Sinceramente, nos divertimos mucho. No le teníamos fe a estos kiwis, que son bastante aburridos y poco bailadores, muy bebedores y poco abiertos a las cosas “locas” como andar disfrazados. Creo que la cantidad de alcohol en sangre (en nuestra sangre) y las ganas de divertirnos nos ayudó a pasar una velada amena y disfrutar de una fiesta increíble.
La cena fue a lo kiwi: cordero en fetas, servido en una mesa rodeada de fuentes con ensaladas agridulces y papas hervidas. Cada uno se sirve lo que quiere en su plato descartable (es tipo tenedor libre), se acomoda donde encuentra lugar (nada de sentarse y compartir la mesa, uno se sienta en el piso, en un sillón, o se queda parado) o y come como puede (intenten cortar cordero con cubiertos descartables, parados, sosteniendo, con una mano el plato y teniendo en la otra la bebida).
Luego de la cena pasamos al galpón o workshop, especialmente acondicionado para la ocasión. Entre máquinas, fardos de pasto seco y esas cosas propias de un lugar de trabajo, se acomodaron cajas y cajones de cerveza, recipientes con hielo o limón, gaseosas, y rum... mucho rum. Era autoservicio, y la gente bebía y bebía sin tapujos ni límite. Para no ser menos, nos pusimos a beber y a dejar que de a poco desaparecieran las diferencias culturales. Incluso nos animamos a un shot de gelatina con vodka.
La banda comenzó a tocar, y los kiwis comenzaron a ¿bailar? Eso fue lo más difícil de todo: bailar. Luego de unos vasos de alcohol extrañábamos nuestra típica música de fiesta: Los cadillacs, los Decadentes, algún tema de cuarteto, Rafaella Carrá, incluso algo de cumbia. Hubiera pagado por escuchar por lo menos la macarena en inglés. Todos disfrutaban contorsionándose al ritmo de temas desconocidos en su mayoría para nosotros, así que alentados por el elixir alcohólico, comenzamos a saltar y ¿bailar? a su ¿ritmo?
Finalmente, era hora de celebrar los 40 años del jefe. En vez de 40 velitas en una torta, trajeron una bandeja con 40 shots (o chupitos) de rum. Smith tenía que beberlos todos, pero dejaron que otros lo ayudaran (por su salud, y para que llegue a los 41).
Al rato, ya el cansancio del día se empezó a sentir en el cuerpo de Juan, y el alcohol no ayudaba a que se pudiera mantener en pie y presentable por mucho más tiempo. Ya su sociabilidad había llegado al extremo de andar hablando inglés con todos, saludando, sacando a bailar a la madre de Smith... en fin... el que fuera deportado estaba a la vuelta de la esquina.
Para que se den una idea de lo ebrio que estaba Juan, y porque era el momento justo para irnos, les cuento como volvimos a casa: Juan me dejo manejar a mí, que también había bebido mucho, de noche. No pudo evitar dar directivas durante las 5 cuadras que hay de lo de los Smith a casa, pero aún así no se sentía (ni yo creía que estuviera) capacitado para manejar.



6/5/10

Deja vu

En estos primeros días de Esteban en NZ, reviví muchas cosas que creo que el inconciente (sabiamente) había guardado en un rincón polvoriento de mi mente.
El otro día Smith me pidió que acompañara a ambos a hacer los trámites del número de IRD y la apertura de una cuenta bancaria. Sentada en el box del banco, mientras la atenta empleada le explicaba las características de su cuenta y como usar la tarjeta, y yo le traducía al español (porque este chico tenía un julepe que no entendía nada), caí en la cuenta de muchas cosas.
Para empezar, todo eso que yo le explicaba naturalmente en su momento me había llevado horas entender. Que todas las palabras que la señora decía yo las entendía, pero hace unos meses atrás eran sólo sonidos. Que ya entiendo cuando me hablan.
Lo mismo sucedió en su cena de bienvenida. Todos recordarán esa cena donde se nos presentó a la familia, se nos conversó y se nos cagó de sed. Bueno, esta vez se repitió, pero Juan y yo hacíamos chistes, hablábamos de deportes, de costumbres y de demás gansadas. Mientras tanto, desde un lugar de la mesa, Esteban miraba, sonreía sin entender nada y se preguntaba cuando le iban a ofrecer algo para beber.
De repente, miré a Esteban, y me recordé sentada en ese lugar, sonriendo a palabras sueltas sin sentido, sintiéndome observada y rogando que pronto nos fuéramos a casa (que en ese momento no sentíamos “casa¬”, era solo el lugar donde estaba la cama para dormir), pensando que jamás podríamos encajar en este lugar.
En estos días recordé esos primeros días, y miro y escucho a Juan hablar inglés, y me miro desenvolverme en las más diversas situaciones, y le digo con toda la sinceridad del mundo a Esteban “Al principio no entendés nada, y todo es raro y te da miedo, pero después te acostumbrás, y hablás inglés”.
Claro que no le digo que cuesta bastante… pero creo que vale la pena que viva “la experiencia New Zealand”

29/4/10

Se agranda la familia


Creo que no lo había comentado antes, pero Ryan se fue. Se fue hace unos meses ya (en marzo, si mal no recuerdo), con rumbo a la isla Norte, en busca de calor, chicas, tambo más chico y la independencia familiar. Se lo extraña, no lo voy a negar.
La cosa es que Smith necesitaba un nuevo empleado, y decidió traer a otro argentino. Eso creo que nos enorgulleció, ya que quería decir que en cierto modo le hemos causado buena impresión y que hemos dejado en buena posición a nuestro país. A pesar de este orgullo, le dijimos que no todos los argentinos son trabajadores, no todos son honestos y no todos son de fiar. ¡El que avisa no es traidor!
Así que desde marzo estamos a las vueltas conversando por mail o MSN con Esteban, el chico nuevo. Que sí, que no, que papel va, papel viene, los primeros días de mayo estará con nosotros Esteban, haciendo que el grupo trabajador argentino gane por medio empleado al equipo kiwi.
A pesar de la alegría general por su llegada, hay algo que a Smith no le termina de convencer del nuevo empleado, y es su nivel de inglés. Nadie sabe (ni ellos ni nosotros) cuanto o como habla este chico. La única referencia a su conocimiento del idioma es que en su CV la Empresa consultora indicó que el nivel es bueno, así que suponemos que habla más que Juan. Por las dudas, Smith ya me pidió que lo acompañara a buscarlo al aeropuerto. Y que los primeros días, estuviera en casa así me puede llamar para ir a “traducir” cuando lo pasee por la farm. Se ve que no confía en el nivel que Juan ha adquirido de inglés, o teme que entre dos argentinos medio parlantes y su forma de hablar rara y rápida se arme un caos lingüístico del cual no puedan salir.

5/12/09

Segunda reunión mensual III


La señora apareció con un maletín negro, una carpeta enorme con fotitos de vacas, campos y farmers, y hablaba con los Smiths como si fuera amiga de años.
Esta señora era de una empresa o algo así que capacita a gente que trabaja en el campo (no sólo en tambos, sino en campos de ovejas, de engorde y demás bichitos y cosas), y venía a explicarle a Juan el curso que iba a hacer.
El tema es así: Kareen y Smith le ofrecieron a Juan realizar un curso de “farming” general, que le da un certificado de reconocimiento nacional. Luego de este curso puede hacer cursos más complejos, y seguir obteniendo certificados, hasta tener un título o algo así. Es muy buena oportunidad para Juan, y a ellos les debe ser útil tener personal con certificados nacionales.
Así que la señora explicó como se cursaba este nivel: se ven varios temas generales del trabajo en el tambo, como pasturas, alambrados, manejo de vehículos en la farm, arreo de vacas, etc. Una vez por semana se asiste a una clase teórica, siendo 4 clases en total. Luego se completa en una carpeta enorme, donde están todos los textos, una serie de cuadros según la actividad a realizar. Por ejemplo, hay un cuadro que es sobre la tarea de llevar las vacas desde su potrero hasta el tambo. Uno anota como hizo esa tarea la primer semana, la segunda y así, hasta que el patrón decide que uno ya aprendió, firma el cuadro y da por concluido y aprobado al tema. Tiene 6 meses para completar la carpeta.
Si bien a Kareen le pareció medio pelotudo el curso, porque era sobre todas las tareas que realizaba Juan todos los días, decidió que lo hiciera ya que sin ese curso no podía pasar al otro nivel. Y en ese momento, me invitaron a hacerlo. La verdad, no me interesaba… pero después de decir que me esfuerzo pero soy mala, y que no sé de tambo y bla bla bla , no podía oponerme a la oportunidad de mejorar.
Así que en un tiempito nomás empezamos a estudiar tambo… y a hacer ejercicios de arrear vacas y arreglar alambrados eléctricos… aburrido para Juan… un mundo de aventuras y peligros para mi…
Espero me dejen hacer cosas de diseño en las clases, como cuadros o infografías, o una web. Quizás pueda aprobar el tema de arrear vacas si les hago una animación en Flash mostrando que entiendo el concepto.

2/12/09

Segunda reunión mensual II


Los Smith en su totalidad (exceptuando el Baby que no estaba y Julia que estaba concentrada en sacarle el borde a un pan lactal) dijeron que me quedara, que iba bien, que iba a mejorar, que era cuestión de tiempo y bla bla bla. Incluso Ryan me dio palabras de aliento y me felicito (no sé por que, si nunca me vio trabajar).
De sentirme la peor empleada y la más inútil, pasé a ser la empleada del mes y centro de felicitaciones varias. Podría decirse que mi carrera en el mundo tambero va bien.
Superado el mal trago, comimos y hablaron cosas del tambo. Como dije, la tarta estaba muy rica, todo muy lindo.
A la hora del postre, mi lemon pie fue totalmente ignorado. Kareen se sirvió, y me dijo que estaba rico. Le dio a probar a Julia, quien puso cara de asco, y se tapó la cara… una crítica culinaria bastante sincera. Juan y yo comimos, y estaba bueno, no estaba empalagoso ni nada. Pero bueno, no sé que pasó con eso. Dejamos la fuente y el lemon pie, y a los días volvió limpia. ¿Lo habrán comido? ¿Se lo dieron a los perros? ¿Se lo dieron a las vacas? Nunca lo sabremos.
El clima de la reunión fue muy agradable. A cada decisión que se tomaba, Smith decía “está bien si Vanesa… está feliz al respecto”, por lo cual debía que decir OK o no a cada tema. Después, me aseguró que en 2 meses iba a ser la jefa. Pero como me dijo alguien, me van a nombrar presidenta del tambo con tal que me quede sentada en una oficina, detrás de un escritorio, lejos de las vacas.
El vaso de agua llegó, obviamente, a la hora del café de la sobremesa. Y gracias a que se lo ofrecieron a una señora que vino a explicarnos lo que íbamos a hacer durante el mes de noviembre.

30/11/09

Segunda reunión mensual


Al segundo mes, vino la segunda reunión mensual del staff de la Smith`s Farm. Esta vez, no nos preocupaba tanto el menú, ni los comensales, ya que queríamos plantear (bah, yo quería plantear) que se notaba que demoraba mucho al trabajar, y quizás ellos preferían contratar a otro franquero para agilizar el ordeño (y gastar menos, obvio, pero eso no lo dijimos). Nuestro temor era que me dejaran seguir trabajando para que Juan no se fuera, es decir, que aceptaran mi trabajo sólo porque temían que si yo me quedaba sin trabajo, nos iríamos los dos.
Llegamos tranquilos, con un lemon pie casero para ofrecer como postre. Todos deben estar ansioso por saber el menú: nos sorprendieron con una tarta de jamón, queso y tomatitos cherry. Era rica, esponjosa, el tiempo justo de cocción. Tampoco nos sirvieron agua… siguen sin entender.
Antes de comenzar a almorzar, decidimos exponer nuestro caso, así si me despedían, aunque sea no les generaba el gasto de un comensal más. Empleé todas las palabras del inglés que tuve a mi alcance, y traté de ser lo más clara y específica posible. Juan dice que se me llenaron los ojos de lágrimas, yo digo que me puse tan nerviosa que se me quebró la voz (pero quizás se me hayan humedecido los ojitos accidentalmente). Al finalizar, sólo restaba la respuesta de los Smith.

31/10/09

Hablemos de negocios


Luego de almorzar, comenzó la reunión mensual del staff. Hasta ese momento no se había conversado mucho, quizás los Smiths entre ellos cosas que no entendimos, pero en sí fue un almuerzo silencioso.
La reunión propiamente dicha fue corta. Nos leyeron los objetivos para el mes próximo (que no entendimos), como iban por ahora los resultados (que no entendimos) y algunas observaciones al respecto (que no entendimos).
Kareen siguió leyendo su lista de “cosas que se hacen en la reunión”, y continuó con la felicitación a su/s empleado/s: Juan fue felicitado por su buen trabajo. Fin de la felicitación.
A continuación, se le preguntó al empleado del mes que le gustaría aprender. Creo que se sorprendieron cuando Juan pidió en inglés aprender a hacer funcionar el tambo (es decir, la máquina) y a tratar las vacas con mastitis, ya que con su poca tendencia a la charla y su tímido uso del inglés eso fue mucho pedir.
Terminadas estas formalidades, nos saludamos y cada uno se fue a trabajar a donde le correspondía. A mi no me felicitaron por nada, ya que mi desempeño  no había comenzado (empecé a generar pérdidas materiales, o trabajar como le dicen algunos, dos días después).


30/10/09

Almorzando con los Smith


Todos los meses, valga la redundancia, se realiza una reunión mensual de staff de la granja Smith. Esta reunión se hace durante el receso del almuerzo, por lo que todos los trabajadores y patrones se reúnen a compartir la comida y conversar sobre el trabajo, el desempeño y esas cosas laborales.
Almorzaron con los Smith (musiquita de Mirtha Legrand de fondo):
      Smith, dueño y farmer
      Kareen Smith, dueña y farmer
      Ryan Smith, hijo de Smith y farmer
      Julia Smith, hija de Smith y Kareen, 3 años
      Baby Smith (todavía no retenemos en la memoria su nombre), hijo de Smith y Kareen, 7 meses
      Natalia Natalia, madre de Kareen, suegra de smith, abuela de Julia y Baby
      Juan, empleado y argentino
      Vanesa, novia del empleado, franquera y argentinaYo estaba nerviosa, porque no me gusta eso de compartir cosas cotidianas con los kiwis. No me acostumbro a su forma de desenvolverse, no sé que tengo que hacer, o peor aún, que pueden llegar a hacer. Juan creo que estaba un poco nervioso, porque estas cosas son una caja de sorpresas, y uno nunca sabe que es común y que no, o si puede llegar a ofender a alguien con sus costumbres.
Llegamos y media alma se nos volvió al cuerpo. La mesa estaba puesta con varios platos con fiambre, queso, tomates cherry, zanahoria rallada, carne, pepino y un paquete de pan lactal. Todo indicaba que íbamos a almorzar sándwiches armados por nosotros mismos, lo cual implicaba más informalidad y no tener que lidiar con comida que no gusta. Nos sentamos tranquilos, y nos pusieron un plato chico, un cuchillo y arriba de todo, un bol… un tazón sin asa. Obviamente, había algo de su forma de comer sándwiches que no entendíamos.
El tema es que empezaron a pasar un recipiente con una sustancia oscura, semilíquida, que se servían en los tazones esos. Era sopa de verduras licuada o algo así nos explicaron. Como no sabíamos si era obligatorio comer eso antes de los sándwiches, nos servimos, no sea cosa que no comer eso implicara no comer nada más. El detalle fue que cuando nos llegó la sopera, la misma estaba casi vacía, por lo que nos servimos muy poco para que quedara para el resto de los comensales. Ni bien pasamos la sopera, fueron a la cocina y la recargaron.
En fin, comimos la escasa sopa y le metimos mano a los sándwiches. En realidad, al sándwich, porque para cuando pudimos empezar a armarlos ya no quedaba casi pan y nos dio vergüenza. De más está decir que nos cagamos de hambre.
Ryan comió que dio calambre. Tomaba sopa mientras se hacía un sándwich y después mojaba el sándwich en la sopa. Una máquina de comer, pero es como dijo Juan: tiene 18 años y los niños a esa edad comen así. Smith nos enseñó la frase “Excuse my fingers”, que es decir “Disculpe mis dedos (o a mis dedos)”, y se emplea al agarrar comida con la mano de cualquier plato, cosa que hizo sin vergüenza ya que era su país, su casa y su comida, así que llevaba ventaja.
Después de almorzar Smith nos miró y nos ofreció en perfecto inglés kiwi “¿Café o agua?”. Sí… siguen sin entender que necesitamos hidratarnos al ingerir alimentos. Y sí, nos comimos un sándwich de pan lactal sin beber nada y todavía lo tenemos atorado. Pedí agua, y por suerte me trajo un vaso ENORME.

7/10/09

Casa nueva, vida nueva


Luego de esa cena, Smith nos trajo a casa… a su casa… nuestra casa… en fin, la casa esa que se veía en la foto que nos mandaron por mail un mes antes de venir, y que era nuestra única referencia sobre nuestra futura vida en Nueva Zelanda.
La casa es enorme, enorme. Tiene tres habitaciones, cocina comedor, living, lavadero, garaje, garaje aparte para 2 autos más, parque y dos baños, que en realidad es uno. Es así: hay un toilette (hablando mal y pronto, un baño con sólo inodoro y lavabo) y un baño (es decir, baño con bañadera con ducha, y otro lavabo). No es que me haya olvidado: acá no hay bidet. Lo más gracioso es que del toilette al baño hay varios metros. AH! El baño tiene alfombra en todo el piso.
Acá todos los ambientes tienen alfombra, exceptuando el toilette, el lavadero, la cocina y los garajes. Los garajes separados no los vimos, porque están con la puerta rotosa y es medio espeluznante. Quizás en algún día libre nos adentremos en ese misterioso lugar. Si desaparecemos, seguro nuestros cadáveres estarán allí.
La decoración no es de la más agradable, pero con el tiempo uno se acostumbra. Es entre setentona, grasa, ostentosa, y kitsch. Mucha madera, mucho plástico, mucha alfombra.
La calefacción es con caldera y radiadores, Es bastante calentito, pero por alguna extraña razón no hay radiadores en las habitaciones. Resultado: ambientes cálidos, pasillos agradables y habitaciones heladas.
La casa tiene dos entradas: una entrada muy elegante, con escalerita y flores, que queda a un costado y a varios metros de la calle, y que nadie usa (ni siquiera los Smiths cuando vienen); y otra principal, que es de vidrio y tiene un caminito directo desde la calle. Parece que es así en todas las casas. No entendemos bien como es el tema de la entrada accesoria pero elegante.




Cosas locas que no puedo dejar de mostrar: Cartel del toilet; sticker setentosa en una ventana; y para golpear la puerta, con imagen del Capitán Cook y la leyenda “El primer europeo en llegar a NZ” (o algo así).

6/10/09

Meet The Smiths

Llegamos a las 19:30hs a lo de Smith para cenar… que para ellos que cenan a las 17/18hs aprox. era como estar trasnochando. Estaba casi toda la familia: la esposa Kareen (se escribe así, porque son complicados para hablar y para escribir por lo visto), el hijo Ryan (que después de verlo escrito en una planilla sabemos que se llama así, porque para nosotros era un sonido parecido a “rshagn”) que tiene 18 años y trabaja en la granja con Smith, otro hijo cuyo nombre no entendimos, no recordamos ni podemos reproducir con un sonido, así que le diremos “sonido extraño”, que era un coloradito que nos miraba y se reía como el rubio de Beavis y Butthead, de 14 o 16 años. Faltaban los dos hijos de Kareen y Smith: Julia de 3 años (colorada) y “Sonido Extraño 2”, de 7 meses y seguramente cuando tenga pelo, coloradito. Los pibes que cenaron con nosotros son de un matrimonio anterior del Smith.
La cena consistió en pork y verduras asadas, las cuales fueron acarreadas a la boca de los kiwis sin mucho protocolo. Estaba rica, aunque con poca sal para nuestro gusto. Durante la cena no ingirieron líquido de ningún tipo, y cuando nos ofrecieron algo de beber (y aceptamos, ya que no habíamos tomado nada en casi 6hs), nos trajeron un mísero vaso de agua a cada uno. Tuvimos que racionarla durante toda la cena, ya que no sabíamos si pedir más sería un insulto o si en NZ el agua es un lujo*.

 

*Este punto se explicará en “Manual de uso del argentino”